Escribo para mi mismo. Porque he descubierto el placer de releer las entradas para recordar mejor lo que vi y sentí. Escribo para relatarme mi vida a mi mismo. Esto supone que, como si fuera un papel pintado mal encolado a la pared, lo que aquí relato se despega ocasionalmente de lo realmente vivido y forma burbujas, con las que se adapta esa realidad a la lógica del relato, más que al caos ilógico y nunca lineal de la vida vivida. Por eso, en consecuencia, transformo los hechos en un relato y a quien menciono, y a mi mismo, en personajes de un pliegue de la realidad, sin por ello dejar de ser sincero.


martes, 23 de abril de 2013

Aborigen

Melbourne me abrió los ojos al arte (a la vez contemporáneo y tradicional) de los aborígenes (primeras naciones, habitantes originales, etc.) australianos. Fue en la Galería Nacional de Victoria, en la Plaza de la Federación sobre el río Yarra ("Nacional de Victoria" y "Federación", insisto).
Fue de lo mejor de mis 5 días en Melbourne, y la vista a los museos y galerías con colecciones de arte aborigen se ha colocado en los primeros puestos de mi lista de visitas turísticas en Australia.
Junto a eso, la otra gran cosa de Melbourne fueron las callejuelas ("laneways") y galerías, que hacen más humano e íntimo al centro, totalmente entregado -en ese típico urbanismo "anglosajón" y también "estalinista" de separación por actividades- a las oficinas y grandes edificios públicos. En estas callejas, hay de todo: algunas no son más que la parte de servicios y trasera de grandes edificios, y han sido tomadas por los graffitis, otras hierven de gente gracias a sus cafés y restaurantes y tiendas.
La misma dimensión humana tiene Prahran (se pronuncia: pran), una zona acomodada al sur de la ciudad, igual de planificada en cuadrículas, con edificios bajos, y que a mi me recordaba todo el rato al Palermo Viejo porteño.
Mis 5 días en Melbourne fueron días urbanos, divertidos, en los que vi a los amigos que tengo allí, con los que compartí el arte y los paseos y cafés por las callejas. Sin duda, aunque arriba digo otra cosa, lo mejor fue verlos.
El domingo, dejé Melbourne por Sidney. Esta vez, me quedo en la casa de unos amigos. El lunes, hice turismo y creo que me impresionó tanto ver el puente y la ópera (el Puente y la Ópera) que sigo sin poder decir nada. Caminé mucho y, por la tarde, cogí un tren a Katoomba, en las Montañas Azules (más bien, azuladas, al evaporarse la resina de los eucaliptos). Hoy, martes 23 de abril, he hecho una caminata de 4 horas: acantilados, cascadas, bosques. De una belleza extrema por momentos. Al mismo tiempo, no deja de recordarme a la Chapada Diamantina en el Estado de Bahía, en Brasil, y, porque se trata de formaciones calcáreas, a las Islas Rocosas de Palau.
En un rato, vuelvo a Sidney (en un tren de cercanías: estamos a unas 2 horas, pero hay gente que vive por aquí y trabaja en Sidney: eso que dije del urbanismo). El resto de mi tiempo allí, hasta el lunes, será de nuevo urbano. Lo cuento en la próxima entrada.





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